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  • Mariela

Fin de año en Nueva York



Todos crecimos viendo historias de NY en tiempos festivos: Home Alone, Cuando Harry conoció a Sally, Milagro en la calle 34, Elf... Cuando surgió la posibilidad de pasar nuestro primer año nuevo afuera (antes no lo hacíamos por cuestiones familiares), no dudamos y sacamos pasaje para NY.

El primer desafío que encontramos fue la fecha: la diferencia económica entre llegar el 28 y el 29 a NY era muy grande: no lo dudamos y resignamos un día de espíritu navideño a cambio de alrededor de un 30% menos en la tarifa.

Con los pasajes en mano a fines de agosto nos dispusimos a averiguar cómo concretar el sueño de ver el ball drop. Para nuestra sorpresa, de nuestros conocidos que habían pasado algún fin de año en NY nadie lo había visto. La idea de pasar horas en el frío sin acceso a un baño esperando el evento fue algo que descartamos rápidamente.

Entonces nos encontramos unos 3 meses antes sin idea dónde pasar la noche del 31. Las opciones que aparecieron eran muchas, con opciones para distintos intereses y presupuestos: cruceros por el Hudson que permiten tener una vista privilegiada de los fuegos artificiales de la bahía, ir al Central Park (a sus restaurants, a los hoteles de los alrededores o simplemente ir al parque) y ver el show de luces de esa zona o intentar ver el ball drop. La realidad es que nosotras queríamos ver el ball drop y entonces empezamos a investigar.

Nos inclinamos por una fiesta en un hotel del midtown con terraza desde la que se podía ver ese maravilloso momento. Había también múltiples opciones: restaurants de conocidas cadenas que te dan acceso al show anterior, al countdown y al ball drop, hoteles desde los que lo ves de la terraza o de tu habitación, otras fiestas como a la que fuimos, pases para distintos bares de la zona, entre otras.

Finalmente, el 29/12 llegamos a Manhattan. No era nuestra primera vez en la ciudad, pero nunca la habíamos visto así: los árboles, las luces, las vidrieras y la gente....La cantidad de gente esos días antes de año nuevo en la zona de Times Square era francamente insoportable: se necesitaban varios semáforos para lograr cruzar la calle, ir en auto era casi una odisea y cenar en la zona no es una opción durante esos tiempos.

Una vez que retiramos nuestras entradas para la fiesta y pedimos los deseos nos dedicamos a escapar de Times Square y disfrutar del resto de la ciudad, donde si bien había gente se podía caminar: Rockefeller Center, Bryant Park, Lincoln Center... Disfrutamos también del clásico ballet del Cascanueces.



La noche del 31 teníamos que estar a las 20hs en el hotel de la fiesta, a unas 15 cuadras del hotel en donde estábamos hospedadas. Por recomendaciones de la organización de la fiesta, salimos a las 18hs por miedo a los controles: salimos vestidas de fiesta pero con camperas de frío, botas y medias (y los tacos en la mano), la carta de admisión de la fiesta (clave para pasar los controles) y carteras pequeñas. Sabíamos que conseguir taxi era imposible y ya estábamos mentalizadas a caminar.

El trayecto que normalmente dura 20 minutos duró 20 minutos: los controles eran completamente ordenados y si bien eran exhaustivos, los agentes eran muy amables y expeditivos. No eran las 19 y ya estábamos en el hotel de la fiesta. Por suerte éramos muchos y pocos minutos más tarde abrieron las puertas.

La fiesta estuvo bien: música en vivo, buena comida, espacios cómodos, pero sinceramente mucho no nos importaba: nuestra ilusión estaba puesta en lo que sucediera cuando el reloj diera las 12. El momento fue mágico: la bola cayó, los fuegos artificiales invadieron el cielo y empezó a sonar "New York, New York" mientras caían los papelitos de colores. Poco después, la fiesta terminó, las calles se empezaron a vaciar y todos nos fuimos ordenadamente caminando.


Al día siguiente cruzamos el puente para disfrutar un brunch relajado frente al Hudson desde Brooklyn.

A diferencia de lo que muchos pensarían, el 1ero de Enero mucho está abierto (sobre todo en Manhattan) para poder disfrutar.

Los días subsiguientes la ciudad se vacía: los precios de los hoteles bajan drásticamente, ya no es necesario reservar para poder cenar en Midtown (obvio, dependiendo del lugar y del horario!) y recorrer se hace más sencillo.

Pasamos unos 15 días magníficos disfrutando de vistas nevadas del Central Park cada mañana y un año nuevo distinto a los que solemos vivir en Argentina con calor, familia y amigos.




 
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